Estrategia

Cuando un solo cliente es la mitad de tu facturación: riesgo de dependencia y cómo repartirlo

Casi todos los negocios pequeños han pasado por ahí: llega un cliente grande, llena la agenda y durante un tiempo todo parece resuelto. El problema no se nota hasta que ese cliente pide rebaja, empieza a pagar tarde o, simplemente, se va.

Por Ana Torres · · 4 min de lectura

Gráfico circular con una porción dominante y varias pequeñas, ilustración sobre la concentración de clientes

Por qué la dependencia es un problema aunque el cliente pague bien

Un cliente que supone una parte enorme de tu facturación tiene poder sobre tu negocio, lo quiera o no. Cuando te pide bajar el precio, sabes que decir que no pone en juego medio año. Cuando cambia sus plazos de pago, tu tesorería los cambia con él. Y cuando decide llevarse el trabajo a otro proveedor, no hay forma de sustituir esos ingresos en un mes.

Lo peligroso es que se trata de un riesgo silencioso: mientras dura, todo va bien y no hay motivo aparente para buscar clientes nuevos. Por eso conviene medirlo antes de que duela.

Cómo medir cuánto dependes

No hace falta un programa. Basta con una hoja de cálculo y las facturas de los últimos doce meses:

  1. Suma lo facturado a cada cliente en esos doce meses.
  2. Divide cada cifra entre la facturación total y ordénalos de mayor a menor.
  3. Mira qué porcentaje suman el primer cliente y los tres primeros.

No existe un número mágico, y cada sector es distinto. Pero un criterio útil para empezar a preocuparse es este: si perder a tu mayor cliente te obligaría a despedir a alguien o a dejar de pagarte el sueldo, dependes demasiado. Repite el cálculo cada trimestre; la tendencia dice más que la foto.

Si eres autónomo: la figura del TRADE

La dependencia tiene también una lectura legal. La Ley 20/2007, del Estatuto del trabajo autónomo, define en su artículo 11 al trabajador autónomo económicamente dependiente (TRADE): quien trabaja de forma habitual, personal y predominante para un cliente del que recibe al menos el 75 % de sus ingresos. Además tienen que darse otros requisitos a la vez, entre ellos no tener trabajadores a su cargo (con algunas excepciones), disponer de medios propios, organizarse con criterios propios y no trabajar de forma indiferenciada con la plantilla del cliente.

Si encajas, la ley prevé que el contrato con ese cliente se formalice por escrito y se registre, y que si el cliente rompe la relación sin causa justificada puedas tener derecho a una indemnización. No es una etiqueta que se elige: depende de cómo es de verdad la relación. Si crees que estás en ese caso, háblalo con tu asesoría, porque cambia bastante tu posición.

Y una advertencia: cuando la dependencia es tan alta que trabajas con el horario, los medios y las órdenes del cliente como si fueras de plantilla, el problema ya no es comercial. Ese escenario también merece una consulta profesional.

Cómo repartir el riesgo sin perder al cliente grande

La tentación es plantearlo como una elección: o el cliente grande o crecer con otros. No hace falta. Lo que funciona es ir cambiando el peso poco a poco.

Reserva horas fijas para captar

Si el cliente grande ocupa toda tu semana, nunca habrá tiempo para buscar otros. Bloquea unas horas a la semana que no se tocan, igual que no tocas una cita con un cliente. Los canales más baratos para empezar están en nuestra guía sobre cómo conseguir clientes sin depender de la publicidad.

Convierte lo que haces para él en un servicio vendible

Muchas veces el trabajo para el cliente grande es tan a medida que no se puede ofrecer a nadie más. Revisa qué parte se repite y empaquétala con nombre, alcance y precio. Así puedes enseñarla a empresas parecidas.

Pon las condiciones por escrito

Un contrato con un plazo de preaviso razonable no evita que el cliente se vaya, pero te da meses para reaccionar. Si hoy trabajas solo con pedidos sueltos y correos, es un buen momento para proponerlo.

Construye un colchón

Mientras la dependencia sea alta, guarda una parte de lo que te paga ese cliente como reserva. Cuántos meses de gastos fijos necesitas cubrir es una decisión que conviene tomar con los números del negocio delante.

Cuidado con el precio para los nuevos

Un error habitual es captar clientes nuevos con precios más bajos que los del grande «para arrancar». Si lo haces, cambias un riesgo por otro: más clientes con menos margen. Los clientes nuevos deberían entrar a tu precio.

Mira también el margen, no solo la facturación

Al hacer el reparto por cliente, añade una columna más: cuánto te deja cada uno después de descontar lo que te cuesta atenderle. Es frecuente descubrir que el cliente grande, por volumen, ha conseguido precios más bajos, plazos de pago más largos y extras sin cobrar. Pesa mucho en la facturación y bastante menos en el beneficio. Ese dato cambia la conversación: diversificar ya no es solo reducir riesgo, también es ganar más por hora trabajada.

Una señal para actuar ya

Si en los últimos meses ese cliente ha cambiado de interlocutor, ha pedido presupuesto a otros proveedores o ha empezado a retrasar pagos, no esperes al siguiente trimestre. Son los avisos más habituales antes de un cambio.

Este es uno de los análisis que hacemos al preparar el plan de 90 días en la consultoría para autónomos y en la consultoría para PYMES: margen por cliente, peso de cada uno y un calendario realista para equilibrarlo.

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